¿De quién es la culpa?

Lo ocurrido en el Establecimiento Penitenciario de Chiclayo (ex Picsi) ha dejado una nueva lección imborrable para todos los lambayecanos. Escenas de terror y dolor, principalmente protagonizadas por los familiares de los dos reclusos muertos y 43 heridos como consecuencia de una riña que terminó en un incendio, la asfixia de muchos y el amotinamiento de otros tantos más exigiendo mejoras en las condiciones que el Instituto Nacional Penitenciario les ofrece a pesar de encontrarse recluidos por haber afectado a la sociedad.

Nuevamente, ante el registro de este tipo de tragedias, salen a relucir las deficiencias del sistema penitenciario, que muestra no solo la desidia de las autoridades del INPE, sino también del propio Ministerio de Justicia por no mejorar a tiempo las condiciones carcelarias en las que viven los internos.

Lo de ayer no fue un simple altercado, fue una reacción de una seguidilla de reclamos, que en voz alta se hizo para llamar la atención de los lambayecanos y el país para que se fuerce una reestructuración en el sistema, tan venido a menos en los últimos años y últimos gobiernos.

Hoy vemos cárceles hacinadas y sin servicios básicos, pero con cero propuestas para dotarlos, por lo que se hace válido el reclamo de los internos, aun cuando las formas de hacerlo no sean las más correctas, como ayer ocurrió.

Es pues hora de tomar al toro por las astas y, conjuntamente, las autoridades locales como Defensoría del Pueblo, Ministerio de Justicia, INPE, Poder Judicial y Gobierno Regional de Lambayeque elaboren un plan que permita avanzar en el acondicionamiento de las mejoras anheladas por los internos.

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